Las microburbujas así creadas, acumulan energía hasta implosionar y colapsarse, este proceso libera energía. Al recrear este fenómeno en el agua contenida en el líquido intersticial del tejido adiposo, las células adiposas son expuestas a una sobrepresión tal que provocan la separación de paquetes en los nódulos grasos y la ruptura de la membrana o paredes celulares, provocando así la destrucción de la célula adiposa. Esta implosión, favorece la rotura de las grasas ahora liberadas de sus membranas en cadenas más cortas de ácidos grasos que favorece su metabolización y eliminación natural por el cuerpo humano. Este principio de la física es la base de funcionamiento de la ultracavitación.
De esta forma podemos tratar áreas con exceso de grasas localizadas o difusas como cartucheras, michelines de la zona abdominal o por ejemplo la papada en la zona facial.
El número de sesiones y el tiempo entre sesiones varía de una persona a otra así como la técnica utilizada. Simplemente aplicando el tratamiento a través de los distintos cabezales o con una técnica más cruenta en otros casos como infiltración con suero fisiológico de la zona a tratar aunque casi nunca es necesario.




